Lo chino de cada día en España, visto desde Madrid
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En España, la cultura china entra por el arroz tres delicias del viernes y por el bazar que sigue abierto cuando el resto de la calle ya ha bajado la persiana. Los libros, si llegan, llegan después.
Son notas sobre esa China cotidiana, tomadas en un barrio de Madrid por alguien que todavía maneja los palillos con torpeza y se pierde en los tonos del mandarín a la segunda frase.
El chino de barrio
Cada barrio tiene el suyo, y el decorado apenas cambia de uno a otro. Farolillos rojos en el techo y un acuario junto a la barra. La carta va plastificada, con foto de cada plato.
Los nombres de la carta también se repiten: rollito de primavera, pan de gambas, cerdo agridulce, ternera con bambú y setas, pollo al limón. De postre, helado frito o lichis en almíbar. Y al final, casi siempre, un chupito que nadie ha pedido.
Es cocina china, pero ajustada durante décadas al gusto del cliente español, con poco picante y bastante azúcar.
El arroz tres delicias es el caso más claro. Viene del arroz frito de Yangzhou, que lleva gambas y cerdo asado. Aquí el cerdo asado pasó a ser jamón york en dados, y las gambas, con suerte, son dos o tres, perdidas entre la tortilla y los guisantes.
No pasa nada. La paella de muchos restaurantes de Londres tampoco se parece a la de Valencia, y nadie ha dejado de llamarla paella.
Cantón no pica, Sichuan sí
Fuera de ese menú, las cocinas regionales que más suenan en Madrid son dos, la cantonesa y la de Sichuan. Tienen muy poco que ver.
La cantonesa es la del dim sum: empanadillas al vapor como el har gow de gamba, de masa casi transparente, o el siu mai de cerdo, abierto por arriba. Busca que el producto sepa a lo que es y gasta poca salsa.
Se come despacio, con una tetera que alguien rellena sin que se note.
La de Sichuan va por otro lado. Lo suyo es el ma la, picante y adormecedor a la vez. Lo adormecedor lo pone la pimienta de Sichuan, que ni siquiera es pimienta, sino la cáscara del fruto de un arbusto espinoso. Deja en los labios un hormigueo que la primera vez asusta.
El mapo tofu, con carne picada y aceite rojo, suele ser el plato de iniciación. Quien llega del cerdo agridulce se toma el primer bocado como una broma de mal gusto. A la tercera visita ya lo busca.
La despensa de Usera
A la cuarta visita, alguien decide que el mapo tofu se puede hacer en casa. El supermercado de la esquina no da para tanto, así que toca ir a una tienda de alimentación asiática. En Madrid, muchos acaban en Usera.
El pasillo de las salsas desconcierta la primera vez, porque la soja no es una sola. Para empezar basta con esto:
| Qué buscar | Para qué sirve |
|---|---|
| Salsa de soja clara | La de diario, fina y salada, para aliñar y saltear |
| Salsa de soja oscura | Más espesa, algo dulce y menos salada, sobre todo para dar color |
| Vinagre negro de Zhenjiang | Se hace con arroz glutinoso y acompaña a las empanadillas, para mojar |
| Doubanjiang de Pixian | Pasta de habas fermentadas y guindilla, la base del mapo tofu |
| Pimienta de Sichuan | La del hormigueo, entera o molida |
| Aceite de sésamo tostado | Unas gotas al final, por el aroma, porque al freír amarga |
Con eso, carne picada y un bloque de tofu, el mapo tofu sale. Las dos primeras veces sale regular, pero sale.
Té rojo, que en China no es rojo
En cualquier herbolario español hay un bote de té rojo. Casi siempre es pu-erh, un té fermentado de Yunnan que en origen se prensa en tortas o ladrillos.
El lío está en el nombre. En China, el té rojo, hongcha, es lo que aquí llamamos té negro, y el pu-erh pertenece a otra familia, la de los tés oscuros. Lo de llamarlo rojo es cosa de las tiendas de aquí, no de China.
Encima, al pu-erh le colgamos la fama de quemagrasas, que los estudios no han llegado a confirmar.
Para no perderse entre botes, cuatro tés con la familia que les toca en China:
| Té | Familia | Oxidación | Agua |
|---|---|---|---|
| Longjing | Verde | Casi ninguna | Unos 80 °C |
| Oolong | Azul verdoso | Parcial, del 8 al 85 % | Unos 85 °C |
| Hongcha | Rojo, el negro de aquí | Completa | Unos 90 °C |
| Pu-erh | Oscuro | Poca, y luego fermenta | Recién hervida |
El oolong aguanta varias infusiones seguidas, de tres a cinco en una tetera corriente, y cada una sabe algo distinto de la anterior. Con un pu-erh añejo hay quien dice pasar de veinte.
El longjing, o pozo del dragón, es un té verde de los alrededores del lago del Oeste, en Hangzhou. Se tuesta a mano en un wok hasta que la hoja queda plana, y huele a castaña. Con agua hirviendo amarga, de ahí los ochenta grados.
Año Nuevo en Usera y Fort Pienc
El Año Nuevo chino sigue el calendario lunisolar y cae cada año en una fecha distinta, entre finales de enero y la segunda mitad de febrero. En 2026 fue el 17 de febrero, primer día del año del caballo.
En China lo llaman Fiesta de la Primavera, y de ahí viene, según suele contarse, el nombre del rollito. Allí las celebraciones duran quince días y siguen un orden bastante fijo:
- Unos días antes se limpia la casa a fondo, para barrer la mala suerte del año que se va, y el día de Año Nuevo escobas y recogedores se quedan guardados. No vaya a irse también la buena.
- En la puerta se pegan coplas en papel rojo y el carácter fu, felicidad, muchas veces del revés. «Del revés» y «llegar» suenan igual en chino: el cartel anuncia que la felicidad ya está en casa.
- La víspera toca cena familiar, la más abundante del año. En el norte no faltan los jiaozi, empanadillas cocidas, y en muchas casas la gala de Año Nuevo suena de fondo en la televisión.
- El primer día se visita a la familia. Niños y parientes jóvenes reciben el hongbao, un sobre rojo con algo de dinero.
- El día quince, la Fiesta de los Faroles pone punto final. Se toman tangyuan, bolitas de arroz glutinoso en caldo dulce.
Casi todo eso pasa de puertas adentro. Lo que en España sale a la calle son los desfiles.
Usera se muda al parque
Usera es el barrio chino de Madrid desde principios de los años dos mil, y en torno a la calle Dolores Barranco muchos rótulos están en chino. El desfile recorría esas calles.
En 2026 pasó al parque de Pradolongo. Fue el domingo 22 de febrero a mediodía, cinco días después del Año Nuevo, con dragones, leones y, según lo anunciado, más de mil participantes.
Barcelona se adelantó
En Barcelona la fiesta es cosa de Fort Pienc, el barrio del Eixample donde está la Estació del Nord, a dos pasos del Arc de Triomf. El desfile de 2026 salió el sábado 7 de febrero, diez días antes del Año Nuevo.
Juntó la fiesta china con castellers, sardanas, trabucaires y la mulassa. Los castellers eran los de la Sagrada Família.
El bazar de la esquina
En España todo el mundo entiende «voy al chino», y muchas veces no se refiere a un restaurante. Es la tienda de alimentación de debajo de casa, la que tiene leche y pilas un domingo por la tarde.
O el bazar grande, donde se entra a por una bombilla y se sale con un táper y unas zapatillas de estar por casa.
En muchos barrios, los bazares ocuparon el hueco de las tiendas de «todo a cien», más o menos cuando llegó el euro. Buena parte de las familias que los llevan viene del mismo sitio, Qingtian, un condado de montaña en Zhejiang, la provincia del longjing. Según varios reportajes, allí hay tiendas con jamón y se puede pedir un vino en español.
«El chino», dicho así, funciona más como etiqueta que como nombre. Quien lleva quince años despachando en la misma esquina tiene nombre propio, y a estas alturas medio barrio lo llama por él.
Pasteles de luna en septiembre
La Fiesta del Medio Otoño cae el día 15 del octavo mes lunar, con luna llena, y en 2026 es el viernes 25 de septiembre. Se sale a mirar la luna en familia y se reparten pasteles de luna, los yuebing. Hay farolillos, a veces con adivinanzas escritas en el papel.
El yuebing cantonés, el clásico, es macizo y muy dulce. Lleva pasta de semillas de loto y, en el centro, una yema salada de huevo de pato que, al partir el pastel, hace de luna llena.
Se come a trocitos y con té, porque uno entero de una sentada es una temeridad. Por estas fechas, los supermercados asiáticos de Usera los venden en cajas de regalo.
La leyenda de la fiesta es la de Chang’e, que acabó viviendo en la luna con un conejo por toda compañía. Las sondas lunares chinas llevan su nombre, y el vehículo que bajó a la superficie con la Chang’e 3, en 2013, se llamó Yutu, conejo de jade.
Las dos fiestas se mueven con la luna, así que no está de más apuntarlas. Estas son las fechas de los próximos años, sacadas de las tablas del Observatorio de Hong Kong:
| Año | Año Nuevo | Signo | Medio Otoño |
|---|---|---|---|
| 2026 | martes 17 de febrero | caballo | viernes 25 de septiembre |
| 2027 | sábado 6 de febrero | cabra | miércoles 15 de septiembre |
| 2028 | miércoles 26 de enero | mono | martes 3 de octubre |
| 2029 | martes 13 de febrero | gallo | sábado 22 de septiembre |
| 2030 | domingo 3 de febrero | perro | jueves 12 de septiembre |
En 2028 el Año Nuevo se adelanta a enero y los pasteles de luna se van a octubre. Los desfiles de Madrid y Barcelona se anuncian aparte, cada invierno, y no tienen por qué caer el día exacto.
Cuatro tonos y mucha paciencia
Para aprender mandarín hay institutos Confucio en Madrid, Barcelona, Valencia, Granada, León y Las Palmas de Gran Canaria, entre otras ciudades, y Salamanca inauguró el suyo en 2025. El examen oficial, el HSK, se puede hacer sin salir del país.
El primer mes engaña. La gramática parece amable, porque los verbos no se conjugan y los sustantivos no tienen género.
Luego llegan los tonos, y el oído español, acostumbrado a que la entonación sirva para preguntar o para enfadarse, tarda en tomárselos en serio. Los manuales marcan cada tono con un signo sobre la vocal o, cuando no se puede escribir, con un número. La sílaba ma queda así:
- Alto y plano, como una nota sostenida: ma1, madre.
- Sube, como el «¿qué?» de quien no ha oído bien: ma2, cáñamo.
- Baja y vuelve a subir, aunque dentro de la frase suele quedarse abajo: ma3, caballo.
- Cae de golpe, seco, como una orden: ma4, regañar.
Queda un quinto tono, el neutro, que no lleva marca. Un ma átono al final de una frase la convierte en pregunta, justo el trabajo que en español hace la entonación.
Después vienen los caracteres, que se aprenden de uno en uno y se olvidan de tres en tres.